
3º DE DIVERSIFICACIÓN EN EL MUSEO NACIONAL DE ARTE ROMANO
El jueves día 10 de noviembre, por eso de que había luna llena, nos dio por resolver misterios. Aprovechando la invitación que nos habían hecho desde el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida nos escapamos de clase (tuvimos que llevarnos a las profes) y caminando bajo paraguas nos dirigimos al Museo en busca del pigmento perdido. El misterio que debíamos resolver era: ¿estaban las esculturas y los edificios romanos pintados de colores, o por el contrario eran totalmente blancos como los vemos ahora? Y, en cualquier caso ¿cómo nos gusta más a nosotros?
Nos recibió en la puerta del Museo Pilar Aldeanueva, responsable del Departamento de Didáctica. Pasamos a un salón de actos, donde Rafael Sabio, un conservador del Museo, nos enseñó los colores en las esculturas a lo largo de la Historia. Después fuimos al Laboratorio de Restauración, y allí un restaurador, Juan Altieri, nos habló de su trabajo y nos explicó cómo se rastreaban los restos de pinturas en las piedras, y qué hacía él después para conservarlas. Además, buscamos con su microscopio pequeñas partículas de pintura roja que había en un trozo de una cornisa.
Finalmente recorrimos las salas junto a Charo Castro, del Departamento de Didáctica, quien nos explicó cuatro piezas (La Gitanilla, un retrato funerario de un señor mayor sin muelas, la lápida de Lutatia Luparca y un relieve con gladiadores) y nos enseñó cómo serían coloreadas. Lo más curioso es que a todos nos gustaban más blancas, sin color, en vez de como posiblemente estaban en su tiempo.¿Eran los romanos un poco horteras?
Lo más bonito: la lápida de Lutatia, “Luti” para los amigos, una chica de nuestra edad, que era esclava, tocando una antigua bandurria, a la que su ama debía querer mucho, puesto que le pagó una tumba elegante y cara.
Lo más divertido: nuestro compañero Marco, que se empeñó en mirar los agujeros de las pocas narices que quedaban, empeñado en que eran tan realistas que hasta les hacían “los mocos”. Charo nos explicó que las narices de las esculturas eran lo primero en desaparecer, ya que sobresalían y se rompían al caer al suelo: por eso tantas esculturas no tienen nariz.
Conclusión: posiblemente las esculturas estaban coloreadas, así como los relieves y la decoración de los edificios, pero A NOSOTROS NOS GUSTAN MÁS COMO ESTÁN.
ALUMNOS DE HISTORIA DEL ARTE DE 2º DE BACHILLERATO
El jueves día 10 los alumnos de Historia del Arte asistimos invitados por el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida a una actividad relacionada con el Arte Romano, que estamos estudiando en estos momentos en clase. La actividad, llamada “Los colores de Roma”, consistió en una charla acerca de la policromía en la Historia del Arte, especialmente en la escultura. Tuvimos el privilegio de visitar el Laboratorio de Restauración del Museo, donde el restaurador Juan Altieri nos enseñó algunas de las herramientas de su trabajo y nos explicó cómo se documentaban los pigmentos de color sobre los objetos arqueológicos. Tras ello pasamos a las salas, en las que trabajamos sobre cuatro piezas, además de ver un fragmento de escultura de mármol togada (patricio vestido con toga), hallada recientemente y en proceso de limpieza.

Conclusión: es probable que muchas esculturas estuvieran coloreadas, así como los elementos decorativos en relieve de los edificios públicos. A la mayoría de nosotros no gusta la policromía decorando los edificios (el foro, los templos), pero aplicada sólo a algunos elementos, no al edificio completo. Y en la escultura, nos gusta, pero no siempre; embellece y mejora el relieve de los gladiadores, da más realismo a La Gitanilla, pero se perdería mucho si coloreásemos la lápida de Lutatia Lupata o el retrato funerario del anciano.